¿Fruto de la pasión?

Inevitablemente, al escuchar fruta de la pasión nuestra mente hace asociaciones románticas o encaminadas hacia este sentimiento desbordado o vehemente sobre algún objeto, persona o situación en especial. Así, al hablar del exótico maracuyá, conocido también como “fruta de la pasión”, es común imaginarlo hasta como un manjar afrodisiaco.

Y si bien, comer maracuyá relaja el sistema nervioso y ofrece numerosos beneficios para el cuerpo como mejorar el estado de ánimo; dista mucho de ser un potenciador de las emociones desbordadas. En realidad, de las acepciones de la palabra “pasión”, a la que se relaciona el fruto sudamericano es la que evoca la agonía y sufrimiento de Jesús en la Crucifixión.

De la Pasión de Cristo

Nativa de América del Sur, de países como Brasil, Colombia, Bolivia, Perú y Ecuador, el maracuyá es el fruto comestible de la pasionaria, una planta trepadora de la cual también brota la peculiar flor homónima, cuya apariencia fue relacionada por los españoles de la colonia con la Pasión de Cristo.

Así, la pasionaria fue visualizada como una corona de espinas, con sus pétalos y sépalos representando a los apóstoles, los estambres emulando los estigmas y los tres pistilos a los clavos de la cruz. De suerte que, el maracuyá, la fruta de la pasionaria, también fue bautizado como fruta de la pasión.

Indistintamente del origen de su nombre, la fruta de la pasión contiene altas cantidades de antioxidantes, flavonoides y alcaloides, con propiedades tranquilizantes y desintoxicantes. Gracias a estas, te recomendamos una Ensalada de la Pasión, con lechuga, perlas de papaya, aguacate, manzana roja, higos, camarones a la parrilla y una rica vinagreta de maracuyá, para una saludable cena en pareja.

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